lunes, 21 de septiembre de 2009

Dos puentes.



“En el punto en que el Drina surge con todo el peso de su masa de agua verde y espumosa, fuera del conjunto, en apariencia cerrado, de las montañas negras y escarpadas, se yergue un gran puente de piedra armoniosamente tallado, con once ojos de ancha abertura. Desde ese puente, como si fuera una base, se despliega en abanico un valle ondulante con la pequeña ciudad de Visegrado y sus alrededores...”

Ivo Andric-“Na Drini cuprija.”

Recién terminaba de saborear las ultimas paginas del clásico yugoslavo “Un puente sobre el Drina” de Ivo Andric cuando viajaba hace un par de fin de semanas a mi ciudad natal de Sancti Spiritus.

Me alegra saber tanto que el símbolo de mi vieja villa es un puente y sobre todo el único puente colonial de su tipo en la isla y en toda América, y el terruño que antes uno despreciaba y relegaba por ser el de todos los días, ahora se le ve ciertas particularidades y grandes cosas para contar como nuevas y un viajero como el tío Matt se sentiría mal pensando que se alaban tantos lugares y no pintar con colores decentes la vieja guarida en donde se nace y se crece dentro de su propia cueva Fraggle, que los demás llaman País o Nación.

Pues este escrito sitúa mi viaje a el casco histórico de mi pueblillo como algo singular y por vez primera luego de vivir 20 veranos en la ciudad del Espíritu Santo, como le llamaron los españoles, me voy de excursión al puente Yayabo y sobre rio de igual nombre se eleva majestuosos y fuerte y para mirarlo con ojos nuevos e indagadores, tratando de sacarle a cada roca las miles de historias de amantes y peleas que fueron testigos alguna vez.

Las coincidencias no se detienen en presentar aquellas regiones eslavas del sur con un sistema político semejante por muchas décadas al que gobierna en nuestra Isla, ya tienen otra forma de gobierno y todavía nosotros nos mantenemos en la misma ilusión socialista, dos puentes viendo como los pequeñines seres que las construyeron varían con el paso de los tiempos en formas de hablar de vestir y de dirigirse entre ellos mas o menos violentamente y en constante cambio.

Inspirado un poco por toda esa novela histórica en que se cuenta la vida de un pueblo Bosnio, Visegrad, y en donde el puente es el protagonista principal y como casi un personaje vive y sufre como los seres humanos intentado reír, llorar, amar y este ultimo siempre preocupándose por destruirse y destruir su alrededor y en momentos también sus piedras, una ciudad donde su centro es la zona central del puente, plazoleta con bancos de piedra llamada la Kapia, en donde se encuentran los mayores y ancianos responsables de la ciudad y de las dos etnias antagonistas, los ortodoxos serbiobosnios y los musulmanes turcobosnios, donde toman la rakia,o aguardiente casero tradicional y fuman su tabaco y conversan y donde se pusieron todas las proclamas que describían los cambios políticos de las autoridades regentes, primeros los turcos del imperio Otomano y luego los germánicos del imperio Austrohúngaro que dominaron por siglos toda esta zona. El puente sobre el Yayabo es uno de los dos monumentos coloniales de importancia en la villa del Espíritu Santo fundada por el asesino de indios y colonizador español Diego Velásquez en el siglo XVI, el otro monumento arquitectónico de importancia es la Parroquia de la Iglesia católica La Mayor, donde una vez fui bautizado y que se presenta a pocos metros del puente en la zona histórica rodeada de calles de piedras, donde antaño se movían los cocheros con sus caballos, el puente construido en el año 1825 por esclavos cubría la necesidad de unir la zona poblada alrededor de la iglesia con la ruta real a la antigua villa de Trinidad en la costa sur de la Isla y principal puerto de la zona. Se dice entre sus leyendas que el cemento fue preparado con leche, aunque como el puente sobre el Drina tiene muchas leyendas que mas bien los niños se encargan de pasar y contar a otros pero que detrás tienen quizás alguna verdad. Como extraña coincidencia también la leche materna fluía de las rocas del viejo puente Otomano ya que en las leyendas de su fundación se cuenta que se encerró un bebe dentro de sus rocas durante su construcción por orden de un sabio del momento y que aun surge un liquido claro de la caliza que asemeja el preciado fuido materno, debido a que la madre iba a dar de mamar entre las rocas a su bebe dentro.

En cuanto al puente sobre el Drina en la vieja ciudad de Visegrad su construcción fue ordenada por el visir Mehmed Paša Sokolović ,cuyo puente lleva aun su nombre , con 6 años de construcción y fin de su inauguración en 1577 y en la primera parte de la mencionada novela de Ivo Andric el escritor novel yugoslavo narra como el visir cuando niño fue arrastrado de su familia de origen serbio y llevado desde sus tierras bosniacas a la capital en Estambul para ser islamizado e integrado a las fuerzas otomanas y como calo en su recuerdo tan profundamente la imagen del rio en la ciudad cuando la barca que lo llevaba de un lado de la orilla a otro y así se dispuso cuando llego al máximo cargo de visir en el fuerte imperio de construir también estratégicamente dicho puente, obra tan grandiosa y resistente de la arquitectura medieval que unía también la principal vía desde Sarajevo a las tierras propiamente turcas.

El puente resistió grandes inundaciones y múltiples guerras de poder, fue testigo de las cabezas colgadas de las sublevaciones serbias contra los ocupantes turcos, de empalamientos típicos del mando Otomano, anuncios de cambios de emperadores y limites fronterizos tan mutables en los Balcanes, incluso hoy en día, y fueron destruidos tres de sus arcos por una dinamita puesta con toda deliberación por parte de los austriacos en su cobarde huida en las postrimerías de la primera guerra mundial, de la resistencia de los partisanos del mariscal Titov en la segunda guerra mundial y por ultimo y algo ya no descrito por el buen Ivo en cuanto a las limpiezas étnicas de parte de los cristianos serbios ortodoxos en las guerras balcánicas contra las demás etnias musulmanas y católicas de la zona a finales del pasado siglo. Comandados todos por el harto famoso asesino Milosevic y es que mi ciudad espirituana en verdad nunca fue testigo de tantas masacres como esta vulcanizada y revuelta zona del planeta en donde aun no se puede decir con absoluta certeza que no será otra vez espectador o victima de los cambiantes sinos de los hombres y sus creencias.